Las mejores revoluciones quedan en el pasado.

Nunca he sido un ferviente admirador de los procesos revolucionarios. Con alguna que otra excepción, como: la Revolución De Estados Unidos, la inglesa, la Revolución científica, la Revolución tecnológica, la Revolución Industrial; y con un poco más de escepticismo, la francesa.

Revolución proviene del latín revolutio (“una vuelta“). Se considera por los expertos, un cambió drástico social en las estructuras políticas de una sociedad o nación; no dejando  de reconocer que muchos de estos procesos revolucionarios han dejado un legado de libertades y profundos avances democráticos como es el caso de las revoluciones inglesas y la americana, entre otras. También bajo la solapa revolucionaria se han cometido horrendos  y sangrientos crímenes. Se conociera que durante la Revolución francesa en el período conocido como el “El Reinado del Terror” fueron guillotinadas alrededor 10 000 personas, acusados  de actividades contrarrevolucionarias, aquellos que hemos vividos en una “revolución” sabemos que a la mas mínima sospecha de este tipo de  actividades pueden hacer recaer sobre ti un sin fin de acusaciones cuyo fin es llevarte a la “guillotina”; se calcula un total de 40 000 perosnas que fueron víctimas del “reinado del terror”, muchos de ellos fueron guillotinados en la conocida Plaza de la Concordia, la cual durante la Revolución francesa fue el centro de las comitivas y festejos como la Fiesta de la Federación, como parte de los festivales revolucionarios, organizados por la Asamblea Nacional, fue aquí donde Luis XVI y María Antonieta fueron ejecutados; está considerado uno de los lugares de reunión más importante del período revolucionario. Es sabido que aproximadamente 1.000 personas fueron decapitadas en esa plaza. También durante la Revolución de Octubre, la cual estuvo marcada por las purgas, fusilamientos, asesinatos, desaparecidos, etc; como los movimientos de izquierda en Latinoamérica, pero esa ya es otra historia. No pocas revoluciones han tenido sus plazas, en donde arengaban a las masas provocando a los sentimientos más oscuros  del corazón humano aflorar. Alguna conozco en la que no se guillotinan los hombres pero si sus conciencias.

Por lo que a todo esto, mi escepticismo revolucionario opina que  deben ser chispas que pongan en marcha el motor del progreso, cortos períodos en donde los hombres se sacudan el polvo del camino y del yugo de la tiranía. Para nada fachada o barniz del tirano, quien padeciendo una descontrolada afición al  poder, llama “revolución” a ese proceso estático, Necrófago y sin futuro en donde extiende su cetro ensangrentado. Más de medio siglo después los cubanos despiertan cada día intentándose  convencer de  que viven en una revolución, pero esta tiene sus engranajes oxidados. Pregonaba ser humanista, y repartían los inútiles libros de Lenin en las escuelas. Predicaban que seríamos  libres e independientes, pero todavía se espera por la misericordia de algún país hermano que subsidie su fracaso. Viene a mi entonces, aquel concepto de revolución expresado por Fidel Castro en un discurso, por allá por el año 2000 que más que una definición parece un credo religioso, el cual decía que: “…revolución es cambiar todo lo que debe ser cambiado.” Hoy, Fidel sólo es pasado; oh tú, Crono de mil popromesas y ninguna cumplida salvo socialismo y muerte. Nada ha cambiado, no sé si por mentiroso empedernido, o porque no queda ya, nada que cambiar. Las mejores revoluciones quedan en el pasado.

 

 

 

 

 

Revolución

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